Editorial Constelaciones #1

Editorial
 

Autores Authors Juan García Millán.

Comienza con este número la trayectoria de una nueva revista de arquitectura, Constelaciones, que se publica por vez primera. Tiene caracter internacional y periodicidad anual, y cuenta con los protocolos de actividad, sistemas de evaluación externa y criterios de calidad necesarios para convertirse en una publicación indexada de referencia en el ámbito académico. Es una revista abierta a todos aquellos que quieran participar en ella. Los textos que en estas páginas se publican provienen de una solicitud pública de artículos, y desde aquí invitamos a colaborar en el siguiente número a quienes deseen hacerlo.

En la era de la información, tan abundante en publicaciones, quizás lo primero que se pregunta uno es qué interés tiene publicar otra revista más de arquitectura. Constelaciones quiere establecerse como un territorio de intercambio donde el pensamiento sobre la amplia disciplina de ‘lo arquitectónico’ ocupe un lugar destacado y activo. Hoy la práctica de la arquitectura se encuentra en proceso de profunda redefinición. A ese cambio en el campo real de la praxis debe seguirle un proceso de reflexión sobre las condiciones en que ésta se produce, y el ámbito de la educación superior es un lugar sin duda privilegiado para hacerlo, por ser precisamente uno de los principales focos de generación y transmisión de conocimiento en nuestra sociedad. El trabajo intelectual de la universidad, paciente y riguroso, no necesariamente debe encontrar utilidad práctica inmediata, sino ejercitar lo que Kant llamó “la utilización pública de la razón”. Como apunta Slavoj Žižek, la verdadera tarea del pensar no consiste solo en ofrecer soluciones a los problemas de la sociedad, sino en discernir la forma misma de esos problemas.

Constelaciones no se plantea como una publicación temática: quedarían fuera muchos textos valiosos debido a la imposición de una materia común obligatoria, que en definitiva reflejaría nuestros intereses y no los de los autores. Hemos preferido problematizar la idea misma de colección fortuita, intentando ampliar o diluir sus márgenes, y no limitarnos a publicar correctamente un puñado de artículos (lo que no sería poco, bien es cierto). ¿Puede y debe una revista de artículos de investigación convertirse en algo más que la suma aritmética de sus artículos? Alejandro de la Sota decía que la obligación del arquitecto era dar liebre por gato; Manfredo Tafuri, que la labor de la crítica era ponerse en duda ella misma y la labor de la historia poner en duda todas las seguridades.

La revista nace bajo la denominación de Constelaciones, ya se ha dicho, pero es que el nombre es importante, pues todo título aspira a ser una cifra de los discursos que ampara. Puesto que la condensación de todos ellos en una sola palabra es imposible, y aún si fuera posible sería indeseable, el título le otorga un sentido que va más allá de los contenidos concretos al poner de manifiesto el numen editorial que late en sus páginas, entre sus páginas. Los cabalistas pensaban que el lenguaje es creador y que la infinita casuística de sus permutaciones no solo aludía sino que realmente coincidía con todas las realidades posibles en sus múltiples formas.

El envite será dibujar a posteriori una constelación sobre los textos recibidos. Las constelaciones eran trazados imaginarios que unían diferentes astros para reconocer en el dibujo resultante el esquema de un ser mitológico. A pesar de que las estrellas estaban más o menos próximas si se consideraban inscritas en el firmamento, entendido como esfera o bóveda celeste, en realidad unían cuerpos heterogéneos (nebulosas, galaxias o estrellas confunden su brillo en la retina) que se encuentran abismalmente lejanos en el espacio, y sobre todo en el tiempo. La mirada al cielo nocturno nos devuelve una instantánea del tiempo, no una imagen del espacio. La atenta observación de sus desplazamientos regulares permitió a los antiguos medir el paso de las estaciones y orientarse en los viajes de exploración, y paradójicamente acabó deparando la comprobación de la mecánica astronómica con el subsiguiente abandono de la concepción antropocéntrica del universo.

Proponer la constelación de cada número será, entonces, esbozar una cartografía que ponga de relieve afinidades imprevistas y descubra regiones de intereses comunes e ideas luminosas como supernovas, donde se detecten conceptos en órbitas excéntricas al autor, hipótesis meteóricas y fugaces, pensamientos satelitales. Un ruido de fondo puede revelar el instante preciso de la explosión inicial de un método o una técnica; un corrimiento espectral al rojo de unas formas, su velocidad de alejamiento relativo; un rastro de trayectorias puede explicar el estado actual de una teoría… Y así, obtener un mapa de los intereses colectivos que se manifiestan en el azar de los textos recibidos, cada uno fruto de un interés particular.

Es obvio que estas intenciones participan de muchas y variadas fuentes. Detrás de la concepción visual de lo que podríamos denominar material constelativo, de naturaleza vinculante, se encuentra el Atlas Mnemosyine de Aby Warburg con la lógica contaminante de la mirada, y también las fotografías mudas que Ernesto Nathan-Rogers intercalaba en Casabella-continuità con plena confianza en la elocuencia de sus silencios. Miró realizó entre 1939 y 1941 una serie de pinturas llamada Constelaciones en las que convocaba un mundo luminoso de estrellas, pájaros y mujeres mientras la Segunda Guerra Mundial arrasaba Europa y España se hundía en una tenebrosa posguerra civil. Juan Navarro Baldeweg ha denominado ‘constelaciones’ a los vínculos que existen entre sus obras, por distantes que éstas se nos aparezcan: la luz, la gravedad, la mano, el tiempo… La quiebra de las expectativas, independientemente de las circunstancias, es condición necesaria para hacer visible lo invisible, última ratio del arte.

El interés por el archivo –indudablemente una revista académica se constituye como una clase particular de archivo- también está presente, incluso como nuevo paradigma artístico. Walter Benjamin incorporó a sus investigaciones materiales heteróclitos y modos diversos de consignación hasta configurar un registro dinámico de genealogías variables. En su opinión, el libro era ya hace cien años una mediación anticuada entre dos sistemas de ficheros: el del investigador que lo escribe y el del erudito que lo estudia.

Para Peter Sloterdijk, que polémicamente ha definido la humanitas como el proceso de domesticación del hombre mediante la lectura, hoy día el sótano del archivo puede convertirse en el claro del bosque y los archiveros en los herederos del humanismo. Jacques Derrida ha calificado la teoría psicoanalítica freudiana como una “teoría del archivo”, apuntando a la compleja relación entre memoria e inconsciente, cuya dinámica podría ilustrarse acudiendo a la pizarra mágica y las inscripciones mnemotécnicas.

¿Podría aceptarse, sin necesidad de fatigar cual minotauros borgianos los corredores de la hermenéutica, que la cultura entendida como creación colectiva es un cadáver exquisito realizado a partir de unos pocos temas esenciales? De alguna forma esta revista se organiza como un cadáver exquisito jugado por forenses armados de pegamento digital, pues es el resultado del montaje colectivo de un conjunto de textos ilustrados ya dados a los que se adhieren otras palabras y otras imágenes, propuestas por el consejo de redacción a modo de collage. Para Max Ernst un cadáver exquisito podría ser un instrumento que midiera las contaminaciones intelectuales dentro de un grupo de creadores; para Louis Aragon, los elementos del collage operan de diversos modos, según se tomen para volver a representar lo que ya representaban o bien para representar algo completamente diferente mediante una suerte de metáfora completamente nueva, una mutación sin transformación. Desde ese punto de vista, los textos publicados serían señales primarias y discretas de la cultura arquitectónica, y el cadáver exquisito de la revista registraría el eco, distorsionado o no, de esas señales cuando rebotan en un círculo disperso de receptores cualificados.

El trazado de un sentido, uno entre los posibles, sobre una realidad previa hasta ese momento inerte, insignificante, serían otras connotaciones asociadas al título. Reconfigurar el orden de las cosas, de las palabras, el orden en que son dichas, el orden del discurso. Del orden del índice -secuencial, lineal, unidimensional- pasamos al orden de los planos constelativos que van superponiendo en capas diferentes sus dos dimensiones hasta desplegar relaciones enriquecidas entre los textos y sus condiciones de contorno.

Si Aragon y Ernst fueron una vibrante anomalía en los campos magnéticos de Breton, Foucault inscribe la curva de su pensamiento en los campos gravitacionales de Nietzsche, Freud y Marx. En su lección inaugural en el Collége de France en 1970, titulada precisamente El orden del discurso, dijo: “Si bien es necesario el silencio de la razón para curar los monstruos, basta que el silencio esté alerta para que la separación persista”. Y también: “Lo nuevo no está en lo que se dice, sino en el acontecimiento de su retorno”.

Cada generación debe reescribir la historia para apropiarse de ella y convertirla en su propia historia. Pensar hoy en Alberti, en el vidrio y el acero o en los diagramas es forzosamente distinto de lo pensado ayer, y también de lo que se pensará mañana. Solo por esa razón merece la pena conservarlos en el archivo de Constelaciones.

With this issue begins the trajectory of a new architectural magazine, Constelaciones, which is going to be published for the first time. It has an international character and a yearly frequency. It also counts with activity protocols, external evaluation systems and the necessary quality criteria to become an indexed publication of reference in the academic spheres. It is a magazine opened for all of those who want to participate in it. The texts published in these pages come from a public request of articles and, from here; we invite anybody who wish so to collaborate in the next issue.

In the era of information, so abundant in publications, one wonders initially what the interest of publishing yet another architectural magazine is. Constelaciones wants to get established as an interchange territory where the thinking about the broad discipline of ‘the architectonic’ occupies a relevant and active position. Today the practice of architecture is in a process of profound redefinition. This change in the real field of praxis must be followed by a process of reflection about the conditions in which it is produced, and the sphere of higher education is, without a doubt, a privileged place to do it because it is precisely one of the main spots of generation and transmission of knowledge in our society. The intellectual work of universities, patient and rigorous, must not necessarily find immediate practical usefulness but to exercise what Kant called ‘the public use of reason’. As Slavoj Žižek pointed out, the true task of thinking does not only consist in providing solutions to society problems but in discerning the exact form of those problems.

Constelaciones is not set out as a topic publication; many valuable texts would be left out due to the imposition of an obligatory common subject, which would in the end reflect our interests and not those of the authors. We have preferred to make problematic the idea of fortuitous collection itself, trying to broaden or diluting its margins, and not be limited to correctly publishing a handful of articles (which would not be a small chore, by the way).
Could, and must, a magazine of research articles become more than the arithmetic sum of its articles? Alejandro de la Sota said that the architect’s obligation was to give ‘liebre por gato’ (it means to give more than you were asked for). Manfredo Tafuri said that the job of the critic was to doubt itself and the job of history was to doubt all certainties.

This magazine is born under the name of Constelaciones, as I have already stated above, but the name is important as every title aspires to being a figure of the discourses that it enfolds. As the condensation of all of them in a single word is impossible, and even if it was possible it would be undesirable, the title bestows a sense that goes beyond the specific contents showing the editorial inspirations that beats in its pages. The Cabalists thought that language is creative and that the infinite casuistry of its permutations not only alluded to but also coincided with all the possible realities of its multiple forms.

The stake will be to draw in hindsight a constellation of the texts gathered. The constellations were imaginary charts that connected different stars to recognize in the resulting drawing the outline of a mythological creature. Although the stars were more or less close to each other ‒if we consider them inscribed in the firmament understood as sphere or vault of heaven, they joined heterogeneous bodies (nebulas, galaxies or stars confuse their shine in the retina) that are abysmally far in space, and above all in time.

Looking at the nocturnal sky we get back a snapshot of time, not an image of space. The attentive observation of their regular movements allowed ancient people to measure the pass of seasons and to navigate in exploration journeys, and paradoxically ended up providing the confirmation of the celestial mechanics with the subsequent rejection of the anthropocentric conception of the universe.

Proposing the constellation of each issue will, therefore, be outlining a cartography that highlights unexpected affinities and discovers regions of shared interests and luminous ideas like supernovas, where we can detect concepts in eccentric orbits to the author, meteoric and fleeting hypothesis and satellite thoughts. A background noise can reveal the precise instant of the initial explosion of a method or a technique; a spectral slide to the red of shapes, their speed of relative distancing; a trace of trajectories can explain the present state of a theory… And thus, to obtain a map of collective interests that manifest in the chance of texts received, each one the result of a particular interest.

It is obvious that these intentions participate from many and varied sources. Behind the visual conception of what we could call constellative material, of binding nature, is the Atlas Mnemosyne by Aby Warburg with the contaminating logic of gazing and also the mute photographs that Ernesto Nathan-Rogers inserted in Casabella-continuità with full confidence in the eloquence of their silences. Between 1939 and 1941 Miró drew a series of paintings called Constelaciones in which he summoned a luminous world of stars, birds and women while the Second World War ravaged Europe and Spain sank in the gloomy civil post-war period. Juan Navarro Baldeweg has given the name ‘constellations’ to the connections that exists between his works, as distant as they might seem: light, gravity, hand, time… The rupture of expectations, independently of circumstances, is a necessary condition to make visible the invisible, last ratio of art.

The interest for the archive ‒an academic magazine is no doubt constituted as a actual kind of archive- is also present, even as a new artistic paradigm. Walter Benjamin incorporated in his research odd materials and various ways of recording until he configured a dynamic register of variable genealogies. In his opinion books already were a hundred years ago an obsolete mediation between two file systems: that of the researcher who wrote it and that of the erudite who studies it. For Peter Sloterdijk, who controversially defined the humanitas as the process of man’s domestication through reading, the archive’s basement nowadays can become the wood’s clearing and the archivists in the inheritors of humanism. Jacques Derrida has classified the Freudian psychoanalytic theory as a ‘theory of the archive’, pointing out the complex relationship between memory and subconscious, whose dynamics could be illustrated using a magic whiteboard and mnemonic inscriptions.

Could we accept, without the need of tiring –like Borges’ Minotaur the corridors of hermeneutics, that the culture understood as a collective creation is an exquisite corpse made from a few essential subjects? Somehow this magazine is organized as an exquisite corpse played by forensic examiners armed with digital glue, since it is the result of a collective assembly of a set of given illustrated texts to which other words and images are adhered, proposed by the editorial board as a kind of collage. For Max Ernst an exquisite corpse could be an instrument that measured the intellectual contaminations within a group of authors; for Louis Aragon, the elements of collage operate in different ways, depending on how they are taken to represent what they already represented or to represent something completely different through a kind of completely new metaphor, a mutation without transformation.

From this point of view, the published texts would be primary and discrete signs of the architectonic culture, and the exquisite corpse of the magazine would register the echo, distorted or not, of those signs when they bounce in a disperse circle of qualified receptors. The hint of a sense, one amongst all possible, about a previous reality up to this moment inert, insignificant, would be other connotations associated to the title. Reconfiguring the order of things, of words, the order in which they are written, the order of the discourse. From the index order –sequential, one-dimensional, we move to the order of constellation planes that superimpose in different layers their two dimensions until they unfold enriched relations between the texts and their outline conditions.

Publicado Published Nº. 1, 2013, págs. 17-21

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